
FISIOTERAPIA NEUROLÓGICA A DOMICILIO
TU CUERPO VA POR LIBRE. ¿INTENTAMOS CONECTARLO A TU MANDO CENTRAL?
Si escaneas el QR te damos un pequeño regalo (gratissss)
Servicio profesional

Te apetece salir, a tomar algo a tu cafetería de confianza, a dar una vuelta por las calles de siempre. Pero al final te quedas en casa. Porque la cafetería de confianza está muy lejos y te conformas con la de debajo de casa o porque las calles de siempre tienen algún escalón o pendiente y te vale con dar 10 vueltas a tu pasillo.
Te apetece salir pero al final te quedas en casa. No porque te dé pereza, sino porque no te ves. No te fías de tu cuerpo, le falta fuerza, equilibrio, seguridad… y eso pesa más que la excusa. Porque si el cuerpo no responde, no hay paseo que valga. Y ahí es donde entro yo, para trabajar en ello, y que cuando diga “salgo”, salga. Sin historias.

Antes preguntaba todo. Le interesaba lo que pasaba a su alrededor. Aunque no pudiera hacerlo todo, quería estar en la conversación. Ahora, silencio. Y no es que no le importe… es que le faltan ganas. Ganas de moverse, de estar, de formar parte.
A veces no es el cuerpo lo que se frena, es la cabeza. La ilusión. El impulso.
Y ahí es donde puedo ayudar. No solo a mover el cuerpo, sino a reconectar con el día a día. Con lo simple, lo normal, lo de siempre. Porque cuando vuelven las ganas, vuelve todo lo demás.

“Lo que más jode no es no moverse… es tener que esperar a que alguien te diga cuándo.”
Antes mandabas tú. Punto. Te levantabas cuando te daba la gana, ibas al baño sin pedir permiso, salías a la calle porque sí, sin tener que esperar a nadie. Y ahora todo va con paréntesis. “Espera que venga alguien”, “mejor no lo hagas solo”, “espera un poco, ya te ayudo”. Y lo entiendes, claro. Pero jode. Porque no es solo que no puedas moverte como antes. Es que ya no decides nada. Ya no hay espontaneidad. Ya no hay “me levanto y punto”. Hay dudas. Hay miedo. Hay dependencia. Y eso va apagando cosas por dentro. Por eso hay que currarse no solo el cuerpo, sino también la seguridad que tenías antes. Que cuando te entren ganas de hacer algo, lo hagas. No perfecto, no rápido, pero porque tú lo decides. Porque aunque parezca una tontería, eso también es moverse.

«TODO LO QUE ANTES HACÍA SIN PENSAR, AHORA LO VE DESDE EL SOFÁ.»
Antes lo hacía sin darle vueltas: poner la mesa, sacar la basura, barrer un poco, ir a por el pan. Lo hacía sin pensar. Sin esfuerzo. Porque era lo normal.
Ahora lo mira desde el sofá. Lo ve pasar. Lo hace otro. Y él simplemente está. No porque no quiera, sino porque siente que ya no es su terreno. Que el cuerpo no responde igual. Que molesta más que ayuda.
Y eso, aunque no lo diga, le pesa. Porque nadie quiere sentirse invitado en su propia casa.
Por eso, más que moverse por moverse, se trata de volver a formar parte. Que lo que hace tenga sentido. Que recupere pequeñas rutinas. Que vuelva a pensar: “esto lo hago yo.”
© All Rights Reserved.
